domingo, 25 de julio de 2010

PARABOLA DEL AMIGO INOPORTUNO


Parábola del amigo inoportuno
Fuente: Catholic.net
Lucas 11, 1-13


Y sucedió que, estando Jesús en oración en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación. Les dijo también: Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: "Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle", y aquél, desde dentro, le responde: "No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos", os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite. Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!



Reflexión:


Señor, enséñanos a orar. La oración es el diálogo del hombre con Dios. He aquí la grandeza de la oración. Jesús enseñó a sus discípulos la más grande de las oraciones, el Padre Nuestro. En esta oración de Jesús se da una relación filial del hombre con Dios. Hablar como hijos y no como siervos ante alguien desconocido, decir Padre a Dios. “Padre Nuestro”, es el Padre que nos espera ansioso en la casa, como el Padre del hijo pródigo; es el Padre que nos da el pan diario, que es su Hijo en la Eucaristía, como lo dio en el desierto a los israelitas, para alimentar a los peregrinos de este mundo.

Pedir con insistencia y con la fe de que recibiremos, así debemos pedir como nos enseña Jesús. Lo primero es fácil, siempre pedimos por nuestras necesidades, por el trabajo, por el hijo enfermo etc. Pero pedir con fe, no es así de fácil. La fe requiere confianza y es una virtud que no se practica mucho en nuestro tiempo. Si tuviésemos la fe como un granito de mostaza diríamos a un árbol “plántate en el mar” y así sería.

También hay que pedir por la fe, como aquel padre que pedía por su hija enferma: “Señor creo, pero aumenta mi fe”. “Aunque Jesús ya sabe lo que necesitamos antes de pedirlo”.

lunes, 19 de julio de 2010

Oración, la gran palanca de la fe




"Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra."

Es muy conocida esta frase de Arquímedes de Siracusa: “Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra”, la verdad de cuyo principio ha sido demostrada por la ciencia y la experiencia y de sobra conocemos la fuerza prodigiosa que desarrolla la palanca, barra rígida apoyada sobre un punto llamado fulcro, según definición de la mecánica física, teniendo por una parte la resistencia, que es lo que se quiere levantar o mover, y por otra, la fuerza. La distancia que hay entre el punto de apoyo y la fuerza es el "brazo de palanca", que puede ser igual o desigual, como la balanza y la "romana", en la que al ser el brazo del peso muy corto y el de la fuerza muy largo, permite pesar toneladas con gramos. Si el brazo de la palanca es suficientemente largo, un solo gramo es capaz de contrapesar muchas toneladas. Leonardo Da Vinci, adelantándose en esto a Stevin de Brujas, aprovechó este conocimiento para demostrar la ley de la palanca por el método de las velocidades virtuales, principio que ya enunciaba Aristóteles, anticipándose a Bernardino Baldi y a Galileo. Con una palanca conveniente, hasta un niño puede levantar miles de toneladas: Dicho esto, hemos entrado en el tema. Ha dicho Jesús: “Si tenéis fe como un grano de mostaza diréis a esta montaña: “Lánzate al mar, y se lanzará”.


LA ORACIÓN PALANCA MORAL

Con la fe como fulcro, o punto de apoyo, la esperanza como barra que sostiene el peso a levantar, la oración en el extremo opuesto, ésta se constituye en la palanca que levanta el mundo, según el principio científico de Arquímedes y el testimonio de la Sagrada Escritura.

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad usa mucho el vocablo, "Palanca", incluyendo en ella la oración y los sacrificios que se hacen para conseguir el fruto del Cursillo. Resulta que la esperanza del orante y la confianza de conseguir lo que se pide, se convierten en brazo de palanca, de forma que cuanto mayor es la "confianza", mayor es el poder de la palanca, y bastará una fuerza pequeñísima para obtener lo que se pide. Sin fe, si no creemos que Dios puede darnos lo que pedimos, no hay oración posible. Si no creemos que Dios existe, o si, creyéndolo, pensamos que no puede darnos lo que le pedimos, la oración es inútil. Por eso los musulmanes, que creen en el fatalismo, determinado infaliblemente, no tienen oración de petición. Al no creer que Dios nos puede dar lo que le pidamos, sólo hacen oración de adoración, practicada, eso sí, con gran devoción tres veces al día; pero sin pedir nada a Dios, porque creen que es inútil.


LA FE, PUNTO DE APOYO Y LA CONFIANZA, BRAZO DE PALANCA

Para que la oración sea eficaz, es necesario esperar que Dios nos va a dar lo que le pedimos, y eso es confianza, que no sólo nace de la fe en que Dios puede darnos lo que le pedimos, sino fiarse de la promesa de Dios de escucharnos: “Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá, buscad y hallaréis”. “El que pide recibe, al que llama se le abre, el que busca, encuentra”. Esa verdad revelada es la fuente de la que brota la confianza de que Dios nos concede lo que le pedimos porque lo ha prometido. Esta es la fe y la confianza que pide Cristo, cuando garantiza que si decís a esta montaña: “arráncate y arrójate al mar, os obedecerá”. “Si tenéis fe, todo lo que pidiereis en la oración, lo alcanzaréis." La fe y la confianza, que se completan la una a la otra, hacen la oración eficaz.


LOS APOSTOLES VACILABAN

Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que lo agarra lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han podido
Jesús preguntó al padre del poseso: --¿Cuánto tiempo hace que esto sucede? --Desde la niñez –respondió-- y muchas veces lo ha tirado al agua y al fuego, para acabar con él. Pero si puedes algo, socórrenos, compadecido de nosotros. Jesús le dijo: --Si tú puedes creer, todo es posible para el que cree. El padre del muchacho exclamó: --¡Señor! Yo creo, pero ayuda tú mi incredulidad. Aquel padre creía, pero no creía con bastante firmeza para tener confianza ilimitada en Cristo. También los discípulos creían en el poder de Cristo, pero dudaban por falta de confianza y preguntan a Jesús: -- ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? -- Esta ralea no sale más que a fuerza de oración confiada. Los discípulos pidieron a Jesús que les aumentara la fe y la confianza: --Señor, auméntanos la fe. La diferencia entre la fe y la confianza se ve con mucha claridad en el caso del padre de este endemoniado.
(Mc 11, 21).

Dice el texto latino: "Si habueritis fidem sicut granum sinapis et non haesitaveritis...". “Si tuviereis fe como un grano de mostaza y no vacilarais. El verbo “haesito”, significa dudar, vacilar e indica incertidumbre, irresolución. Cuando "la confianza" es ilimitada, o lo que es lo mismo, cuando el brazo de palanca es muy grande, la oración obra milagros. Pero este brazo de palanca tan colosal es escaso.


¿QUÉ REMEDIO?: LA POLEA

Cuando deseamos conseguir algo careciendo de esta confianza ilimitada, podemos usar la polea, verdadera palanca, que es una cuerda flexible y deslizante alrededor de una rueda, que en el extremo de la cuerda lleva el peso, y al otro extremo la fuerza para que tirando el peso vaya subiendo poco a poco. Una serie de tirones va elevando el peso; pero si se deja de tirar y se suelta la cuerda, el peso, que ya había subido a cierta altura, cae precipitadamente.

Así funciona nuestra oración, cuando la confianza es limitada... Y así resulta ser nuestra oración ordinaria, como elevada por la polea. Queremos obtener de Dios una gracia, que es como querer levantar un peso, pero no tenemos la confianza suficiente para poder alcanzarla de una vez, por falta de fuerza capaz de levantarla de un solo tirón, y pedimos repetidas veces a Dios lo que deseamos, como a pedacitos de confianza. Actuamos como con la polea, subimos el peso a base de tirones sucesivos. Si nuestra confianza fuera muy grande, como la del centurión de Cafarnaún, o la de la Cananea de Tiro, de los cuales dijo Jesús admirado: “No he encontrado tanta fe en Israel”, no necesitaríamos orar más que una vez para obtener lo que pedimos, como ellos. Al no tener esa confianza, necesitamos dar tirones sucesivos. Ha sido necesario repetir y repetir nuestra oración porque nuestra confianza es muy pequeña. Si nuestros pedazos de confianza son más grandes, necesitaremos repetir nuestra oración menos veces.


ANTE EL FRACASO DE LA ORACIÓN

Cuando la confianza es nula, aunque se repitan mil veces las oraciones no se logra nada, como si no se tira de veras de la polea, el peso se quedará donde está. Cuando se deja de orar porque se cede al cansancio de pedir, o se desconfía de ser escuchado, o se deja vencer por el aburrimiento el desánimo, no se conceden las peticiones. Como cuando se quiere subir un peso por medio de la polea, nos cansamos y soltamos la cuerda el peso cae, y los esfuerzos anteriores han resultado inútiles. Previendo esto los mecánicos, inventaron la polea compuesta, el polipasto, formado de dos o tres poleas simples, para que, aunque dejemos de tirar, el peso se mantenga. Este símil es por analogía, la oración hecha por dos o más personas. Mientras una deja de pedir, las otras siguen pidiendo, hasta que se consigue lo que se pide. Esta es la fuerza de la oración de la Iglesia, de la familia o de la comunidad. En este principio se basa el Apostolado de la Oración, en el que miles y miles de personas piden a Dios la misma gracia continuamente, como si cada una tuviera un cabo de diversas cuerdas unificadas, para conseguir de Dios la gracia que se pide.


ORACIÓN FRÍA Y RUTINARIA

Pero si los que piden no tiran de veras su oración resulta ser oración de disco, de CD, a la que le falta la confianza. Si cada uno ora con un poquito de confianza, probablemente Dios concederá nuestra petición. Si se reza mecánicamente, sin verdadero empeño, Dios no ha prometido darnos sin más ni más todo lo que le pidamos, aunque se lo pidamos millares de veces, o se lo pidan millones de personas. La promesa es clara: "Todo lo que pidiereis con fe, sin andar vacilando, se os concederá", y esto según la determinación de su Providencia, pero no en virtud de su promesa. En muchas ocasiones Dios concede lo que se le pide, aunque nosotros no lo veamos. Miles de almas alcanzan, por ejemplo, su salvación, y muchas personas han alcanzado la plenitud de las virtudes, sin que nos demos cuenta de que la consiguieron por nuestras oraciones.

Santa Teresita de Lissieux lo dice de esta manera plática: En la lamparita mortecina del sagrario, la sacristana encendió con cuidado una vela y con ella las de toda la comunidad.

Hemos convertido la palanca y la polea en una imagen para explicar de algún modo el funcionamiento de la oración, que, según San Agustín, es “la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”.



HÁGASE TU VOLUNTAD

Jesús no ha señalado un catálogo de cosas que podemos pedir, su madre le pidió en Caná vino, el buen ladrón le pidió el paraíso. Podemos pedir de todo y todo, pero somos como niños que no saben lo que piden y debe quedar el discernimiento de la madre dar lo bueno y lo mejor y no dar lo malo, que a veces deslumbra y es bonito y bien visto, lo razonable es lo, después de pedir, lo dejemos en manos de Dios, que él sí sabe lo que nos conviene más o lo que nos puede dañar. Para que después no se nos pueda decir, “Fraile mostén, tú te lo tienes, tú te lo ten”, terminar siempre nuestras peticiones, como nos enseña Jesús en la oración que nos enseñó: “Hágase tu voluntad“, que es como Él oró en la agonía de Getsemaní: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.


EL PADRE COLOMA

Escribe el Padre Coloma, insigne escritor costumbrista:

“Una tarde vi llegar al aperador del Cortijo. Fui volando a verlo: su hijo había llegado de África y por él supe que de tres de los míos que estaban en el ejército, el mayor había muerto; al segundo lo había matado a traición un moro y que el tercero estaba en el hospital de Algeciras. Volví en busca de Chana, mi mujer, y le di la noticia. Ella se encogió como si viera venir el torreón de Tepul: los ojos se le desencajaron y se puso más blanca que un papel. --Vamos a Algeciras, Cristóbal, me dijo. Aparejó la burra y tomamos el camino de Algeciras. Chana caminaba en la burra arrebujaá en un pañolón rezando credos y salves. Yo iba detrás echando sapos y culebras, y renegando de cuanto bicho viviente se menea… Yo no era malo, creía en Dios y en la Virgen Santísima y en cuanto hay que creer en el mundo; pero aquella pena me había derramado toda la hiel por el cuerpo, y hasta la saliva de la boca me sabía amarga... De repente tropezó la burra y tiró las alforjas… Me cegué… me cegué y eché una blasfemia. Chana saltó de la burra como si hubiera oído la trompeta del juicio; se me puso delante más tiesa que un muerto en la sepultura y me dijo: -¡Calla esa lengua, Cristóbal! ¡Calla esa lengua; que bien mereces que Dios te mate a tu hijo!”. - Y ¿por qué hace Dios con nosotros esas tropelías?- grité yo más furioso. –Porque somos pecadores, contestó con una voz que parecía un juez sentenciando a muerte .Mira –añadió levantando la mano-- esos puñados de estrellas: mira las lágrimas que costamos a María Santísima… Cuéntalas si puedes… ¡Ella las derramó y nosotros pecamos!... Yo no se lo que me pasó entonces; pero el corazón se me salía por la boca, y me fui quedando atrás, atrás, pare verme solo. Miraba yo esas benditas estrellas del cielo, y se me salían por los ojos las lágrimas como garbanzos. --Virgen Santísima que por mí lloraste- decía yo a voces-; si no supe lo que dije… ¡Madre de pecadores, ampara a esta oveja perdida! ¡Madre que perdiste a un hijo, ten piedad de quien pierde tres de un golpe!... --Llegamos a Algeciras por la mañana, y nos fuimos derechos al hospital; preguntamos a un cabo por Sebastián Pérez, y nos hizo entrar en la oficina del registro. Había allí un sargento, que buscó el nombre en el registro. --Sebastián Pérez -dijo- entró el 25 de mayo... Salió el 1 de junio. --Y ¿para dónde ha salido?, preguntó Chana. --Para el camposanto, con los pies por delante, respondió el sargento. --Sentí que Chana me clavaba las uñas en el brazo, y que temblaba como si tuviera frío de cuartanas. --Vamos al camposanto, dijo. Y fuimos al camposanto, pero ya lo habían cerrado y el conserje no nos quiso abrir. --Chana se sentó en el umbral y por una rendijilla de la puerta miraba allá dentro, por ver desde lejos la tierra que se comía a su hijo. Teníamos diez reales, y Chana mandó decir una misa a la Virgen de los Dolores. Yo me escurrí a la sacristía, en busca de un Padre cura, y me confesé mientras tanto, llorando de hilo en hilo. A la vuelta caminamos siete horas sin decir palabra. Al oscurecer me faltó hasta el aliento y me dejé caer junto a un pozo de abrevar ganado. Chana se apeó de la burra y se sentó a mi vera. --¿Qué haremos ahora, Chana?, pregunté yo, hablando primero. --¿Qué haremos? Lo que dice el Padrenuestro… Cristóbal… Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo… --Yo me eché a llorar como una criatura, porque, aunque era hombre que con una mano paraba una yunta de bueyes, no tenía en el corazón el aguante de aquella santa mujer, que no era una mujer de carne y hueso, sino un ángel del cielo. --¿Y qué ha sido de Chana? --A Chana le pasó lo que al caballo viejo… Desde entonces hincó la cabeza en tierra y no la volvió a levantar nunca. Corazón le sobraba; pero el cuerpo se le iba solo a la sepultura, y a los tres meses estaba en la eternidad con sus tres hijos.” Yo me quedé solo, señorito, solo… Trabajo cuando hay en qué, y cuando no hay, nunca me niegan un pedazo de pan por esos cortijos, y siempre que paso por el Cristo de Mirabal, me asomo a la capilla y digo: --“Señor, aquí está tío Pellejo… Setenta años tengo ya… ¡no se te olvide!”

Así acaba el insigne costumbrista Padre Luís Coloma autor de cuentos infantiles, Ajajú y Periquillo sin miedo, Medio Juan y Juan y Medio, Por un piojo, Caín, Mal alma, La Gorriona y Era un santo, Paz a los muertos, y cuentos rurales, Ranoque y Juan Miseria. Pequeñeces, que le colocó en el primer plano de la actualidad literaria, Boy, La reina mártir, Jeromín y Fray Francisco. Del estruendo que provocó Pequeñeces asegura que fue como entrar por primera vez en la ducha y recibir la inesperada rociada, como después diría Martín Descalzo que le había ocurrido a él con su primera novela, “La Frontera de Dios”, ganadora del Premio Nadal. El moralismo con que termina Coloma la historieta del Tío Pellejo, busca conducir al lector a la resignación del “Hágase tu voluntad” de la tía Chana, respondiendo al tío Pellejo: --¿Qué haremos ahora, Chana”? –pregunté yo. --¿Qué haremos? Lo que dice el Padrenuestro… Cristóbal… Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo…”

Porque Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene para nuestra mayor felicidad definitiva y eterna.

Fuente: Catholic.net

jueves, 8 de julio de 2010

AL QUE CREE TODO LE ES POSIBLE



Desespero, impotencia y la íntima sensación de que si no actuaban pronto, ese problema iba a prolongarse por muchos años más. Esta confusión de emociones embargaban al padre. Junto a él, dando alaridos estremecedores, su hijo. El no entendía muy buen de estos asuntos, pero le dijeron: "El chico está endemoniado". Y lo único que le interesaba en ese momento era que su hijo fuera libre.

Lo que más le angustió es que los discípulos llevaban un buen rato intentando desalojar esa fuerza espiritual demoníaca. Los minutos pasaban y la situación se tornaba más compleja. "¿Qué hacer?", se preguntaba el hombre. Pero un rumor entre la multitud le hizo notar que Jesús llegaba... Sintió paz. Y tras explicarle la difícil situación que enfrentaban "Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad". La historia completa la puede usted leer en el evangelio de Marcos capítulo 9 versículos del 14 al 29.


¿CUAL ES LA MEDIDA DE SU FE?


Infortunadamente disponemos de todo, menos de un termómetro que pueda medir nuestro grado de fe. Y digo que infortunadamente porque si pusiéramos este termómetro en el corazón de los cristianos que abarrotan nuestras congregaciones, nos llevaríamos grandes sorpresas...

El Señor Jesús recriminó la poca fe de sus discípulos. Quizá estaban diciendo las palabras indicadas, en el momento oportuno, pero no tenían fe. Y ese es un gran inconveniente para ver las maravillas del Señor. La incredulidad cierra puertas para que señales y prodigios ocurran. De haber tenido una fe tan grande como un grano de mostaza, su orden al demonio para que saliera del cuerpo habría estado acompañada de autoridad. Si no hay fe suficiente, no hay autoridad...

RECONOZCA SU GRADO DE FE

Hay quienes aseguran que tienen mucha fe. Pero si realizaran un examen honesto, tendrían que admitir que les falta mucho trecho por recorrer. De ahí que la frase que expresa este angustiado padre a nuestro Señor Jesús, tenga una importancia fundamental: Creo; ayuda mi incredulidad". Es admitir que nos falta mucho más para creer plenamente. Pero es necesario que lo admitamos ante Dios.


DEPOSITE SU CONFIANZA EN DIOS


Un segundo paso, el más importante: Deposite toda su esperanza y confianza en Dios. El Maestro obró cuando vio a ese padre que se rindió a él, reconoció que humanamente no podría hacer nada por su hijo y le dijo: Señor, ayúdame.

Recibo muchos testimonios de sanidad, de problemas familiares resueltos y en general de la forma como Dios manifiesta su gloria. Precisamente con nuestro Web master estamos próximos a abrir una sección con testimonios así. Pero en lo que deseo hacer énfasis es en el hecho de que en todos los casos, quienes recibieron milagros reconocieron la imposibilidad humana de hacer algo a favor y decidieron confiar en Dios. Y fue en ese momento donde los hechos sorprendentes, inexplicables, ilógicos, ocurrieron...

Le invito para que deposite toda su confianza en el Hijo del Dios altísimo, el Señor Jesucristo. Pídale en oración por ese milagro que necesita y espere en el tiempo de Él. Puedo asegurarle que verá grandes maravillas, porque nuestro Creador es maravilloso...

domingo, 27 de junio de 2010

El amor a nuestro prójimo



Cada Uno es especial ante los ojos de Dios

Muchas personas se sienten fracasadas. Puede ser que no hayan podido avanzar en su educación; puede ser que tengan dificultades para mantener a sus familias; puede ser que les falte confianza personal porque carecen de conocimientos más amplios. Cuando otros les piden su opinión, quizás crean que no tienen nada para compartir. Esta falta de confianza personal va en contra de la enseñanza bíblica.

Leamos Mateo 10:29 y el Salmo 139:13-16

Aquí vemos en toda su dimensión cuánto nos valora Dios a cada uno de nosotros. Ninguno de nosotros carece de valor ante los ojos de Dios. Para él, todos somos especiales y tenemos valor.

Leamos Lucas 15:1-2

Jesús estaba dispuesto a relacionarse con todo tipo de personas, sin importar lo que los demás pensaran de ellas. Esto muestra la disposición de Dios a aceptar a todas las personas y muestra nuestra igualdad ante él. Jesús sólo condenó a las personas que se creían mejores que los demás (Lucas 18:9-14).

En nuestra labor con personas y comunidades, necesitamos trabajar con los pobres y oprimidos, no para ellos. Necesitamos valorar a todas las personas y ayudarlas a tener una visión más positiva de ellas mismas. Necesitamos desarrollar nuestra capacidad para escuchar y entender.

  • ¿Cuánta capacidad tenemos para escuchar las preocupaciones de los demás? ¿Escuchamos con atención y animamos a las personas a compartir sus problemas, además de ayudarlas a descubrir lo que deben hacer? ¿O simplemente esperamos una pausa en la conversación para dar nuestros consejos?
  • ¿Qué nos gustaría que fuera diferente en nuestra vida? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para provocar un cambio? ¿Necesitamos ayuda y apoyo de otros? ¿Necesitamos ayuda de Dios?
  • ¿Qué concepto tenemos de nosotros mismos? ¿Pensamos que nuestro conocimiento y nuestra capacitación son cosas que hemos logrado mediante el esfuerzo y el arduo trabajo? ¿O pensamos que nuestras capacidades son un don de Dios que debemos compartir libremente con los demás?
  • Pensemos en cómo tratamos a las personas con las que trabajamos. ¿Son personas con potencial para el trabajo o personas con muchos problemas? ¿Cómo las ve Dios?

Oremos pidiendo que siempre podamos ver a las personas como las ve Dios.

El buen samaritano

En la Biblia muchas veces se nos pide que amemos a nuestro prójimo. Como muestra este estudio, nuestro prójimo no es solo la persona que vive en la casa vecina o en nuestro país.

Leamos Levítico 19:18, Mateo 19:19, Marcos 12:28-34 y Romanos 13:9

  • ¿Qué tienen en común todos estos versículos?

La parábola del buen samaritano explica el mandamiento de ‘amar a nuestro prójimo’.

Leamos Lucas 10:25-37

Jesús nos enseña que debemos amarnos unos a otros, aun atravesando barreras culturales y sociales. Cuando el experto en la ley le preguntó a Jesús, ‘¿Quién es mi prójimo?’, quizás esperaba que Jesús le respondiera ‘tu amigo judío’. Pero la respuesta de Jesús fue diferente. La parábola no nos dice nada acerca del hombre que fue atacado, aunque los que estaban escuchando eran judíos y habrán dado por sentado que el hombre era judío.

Sin embargo, un sacerdote y un levita, miembros de la élite religiosa de Israel en esa época, pasaron al lado del hombre herido. En la época de Jesús, los samaritanos eran despreciados por los judíos. Pero en la parábola, el samaritano que iba de camino es el que ve al hombre herido y se compadece de él.

  • ¿Quién es nuestro prójimo?
  • Pensemos en las veces en que nos ha sido difícil amar a nuestro prójimo. ¿Por qué nos resultó difícil?
  • Tomando en cuenta este pasaje, ¿cómo cambiará nuestra actitud hacia los demás?

Discapacidades: nuestro verdadero valor

Lamentablemente la sociedad a menudo no toma en cuenta el valor que Dios le ha dado a las personas discapacitadas. En nuestros planes y nuestro trabajo, con frecuencia ignoramos la gran contribución que pueden hacer estas personas.

Leamos Efesios 2:10 y 1 Corintios 12:7

Todos hemos sido creados a imagen de Dios – los que tienen discapacidades y los que no. Todos hemos sido creados con un propósito, con algo de valor para ofrecer. Todos nosotros. Dios no discrimina. La gente puede discriminar, pero Dios no lo hace. La personas con discapacidades tienen mucho que ofrecer a sus comunidades pero, como todos los demás, necesitan una puerta de entrada.

  • En nuestra iglesia, en nuestro trabajo, en nuestra vida diaria, ¿cómo podemos animar a los que tienen discapacidades a usar los dones que Dios les ha dado?
  • ¿A veces discriminamos sin quererlo?
  • ¿Qué barreras hay en nuestra sociedad y en nuestra cultura que impiden que las personas discapacitadas desarrollen todo su potencial? ¿Qué podemos hacer para mejorar esta situación?

Leamos Romanos 5:1-11 y 8:12-17

Jesucristo murió en la cruz para que podamos reconciliarnos con Dios y conocer su perfecta paz, no importa cuál sea nuestra condición física. En Jesucristo, todas las personas pueden conocer su verdadero valor como hijos e hijas del Dios viviente.

El ministerio de Dorcas

En este estudio bíblico veremos el valor de Dorcas, una mujer al servicio de Dios.

Leamos Hechos 9:36-39

Dorcas tenía un gran amor por el Señor. Pasaba tiempo en oración y estudio de la Biblia. De su gran amor por Dios surgía un gran amor por su prójimo. Notemos que siempre ayudaba al pobre – no solo cuando tenía tiempo o recursos, sino siempre.

  • ¿Qué nos ha llamado Dios a hacer a nosotros?
  • ¿Quién se beneficia de nuestro trabajo – nosotros, nuestro orgullo, o los demás?

Leamos Hechos 9:40-42

Dios resucitó a Dorcas porque tuvo compasión de la gente que lloraba por ella. Sus amigos – especialmente los pobres y las viudas – la extrañaban tanto.

  • Cuando dejemos nuestra área de trabajo para comenzar una nueva tarea, ¿la gente se pondrá contenta o triste?
  • ¿Quién nos llorará si morimos?

Oremos la oración de Pablo en 1 Tesalonicenses 1:2-3 por todos aquellos que sirven a los pobres.

Amar a nuestros enemigos

A menudo nos resulta difícil mostrar compasión hacia la gente que no conocemos o con la cual nos cuesta relacionarnos. Es aún más difícil cuando las personas a quienes estamos en condiciones de ayudar nos odian o nos amenazan. La Biblia es muy clara en cuanto a cómo tratar a nuestros enemigos.

Leamos Mateo 5:43-48

Jesús exhorta a sus oyentes a amar a sus enemigos y usa el ejemplo de Dios, que hace salir el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. La demostración más grande de amor incondicional es la gracia de Dios por medio de Jesucristo quien nos ama a pesar de nuestros pecados. Es muy fácil amar a los que nos aman y pasar tiempo con ellos.

  • ¿Cuál es el desafío que Jesús nos presenta en el versículo 46?
  • ¿Cuál es el desafío que nos presenta también en el versículo 47?
  • ¿Qué consecuencias tiene esto en nuestras relaciones con las personas que nos lastiman?

El versículo 48 nos llama a llegar a ser perfectos o completos – una idea muy parecida a la plenitud del shalom (paz de Dios). Aunque nunca seremos perfectos en esta tierra, debemos tratar de seguir el ejemplo de Dios, mostrando gracia a nuestros enemigos y tratando de alcanzarlos con su amor.

Ver tambíen
Romanos 12:4-8 Un solo cuerpo, muchos miembros
1 Corintios 12:12-31 Un solo cuerpo, muchas partes
1 Tesalonicenses 2:9 Trabajamos día y noche
Santiago 1:12 Dichoso el hombre que persevera

jueves, 17 de junio de 2010

LOS VERDADEROS MILAGROS


Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque: un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del sabio.

Poderoso: "me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa, inclusive puedes hacer milagros".

Sabio: "soy una persona vieja y cansada... ¿cómo crees que yo podría hacer milagros?".

Poderoso: "pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos..... esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso".

Sabio: "¿te referías a eso?, tú lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo; esos milagros los hace Dios, yo sólo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego ,todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo".

Poderoso: "yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces..... muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios".

Sabio: "Esta mañana ¿volvió a salir el sol?".

Poderoso: "sí, claro que sí!!".

Sabio: "pues ahí tienes un milagro..... el milagro de la luz".

Poderoso: "No, yo quiero ver un VERDADERO milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra.... mira hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas".

Sabio: "¿quieres un verdadero milagro?, ¿no es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?".

Poderoso: "sí!!, fue varón y es mi primogénito".

Sabio: "ahí tienes el segundo milagro.... el milagro de la vida".

Poderoso: "sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro..."

Sabio: "¿acaso no estamos en época de cosecha?, ¿no hay trigo y sorgo donde hace unos meses sólo había tierra?".

Poderoso: "sí, igual que todos los años".

Sabio: "pues ahí tienes el tercer milagro...."

Poderoso: "creo que no me he explicado, lo que yo quiero...." (el sabio lo interrumpe)

Sabio: "te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti.... si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer". Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda; cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el sabio y su alumno, el sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado.

Joven: "maestro: te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿por qué lo haces ahora que no puede verlo?".

Sabio: "lo que él buscaba no era un milagro, era un espectáculo. Le mostré 3 milagros y no pudo verlos.... para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido".

Cuando estamos en problemas siempre pedimos ayuda a Dios y eso está bien porque no hay nadie que pueda ayudarnos más que Él, pero pídele la cordura para pensar claramente, la paciencia necesaria para mantenerte tranquilo y actuar bien, la fortaleza necesaria para afrontar los retos y la fe suficiente para seguirlo amando sin importar lo que pase.... Pídele esos milagros, no le pidas simplemente que resuelva tus problemas sólo porque te da miedo afrontarlos por ti mismo.....

jueves, 10 de junio de 2010

ESTOY SIEMPRE CONTIGO


¿Me necesitas? Estoy aquí contigo.
No puedes verme, sin embargo soy la luz que te permite ver
No puedes oírme, sin embargo hablo a través de tu voz.
No puedes sentirme, sin embargo soy el poder que trabaja en tus manos.
Estoy trabajando en ti, aunque desconozcas Mis senderos.
Estoy trabajando, aunque no reconozcas Mis obras.
No soy una visión extraña. No soy un misterio.
Sólo en silencio absoluto, más allá del "yo" que aparentas ser puedes conocerme, y entonces sólo como un sentimiento y como Fe.
Todavía estoy aquí contigo, Todavía te oigo.
Todavía te contesto.
Aunque me niegues, estoy contigo.
En los momentos en que más sola crees encontrarte, Yo estoy contigo.
Aún en tus temores, estoy contigo.
Aún en tu dolor, estoy contigo.
Estoy contigo cuando oras y cuando no oras.
Estoy en ti y tu estas en Mí.
Sólo en tu mente puedes sentirte separada de Mí, pues sólo en tu mente están las brumas de "lo tuyo" y "lo mío".
Sin embargo tan solo con tu mente puedes conocerme y sentirme.
Vacía tu corazón de temores ignorantes.
Cuando quites el "yo" de en medio, estoy contigo.
De ti misma no puedes hacer nada, pero Yo todo lo puedo.
Yo estoy en todo.
Aunque no puedas ver bien, el bien está allí, pues Yo estoy allí.
Sólo en Mí el mundo tiene significado; sólo de Mí toma el mundo forma;
Sólo por Mí el mundo sigue adelante
Soy la ley en la cual descansa el movimiento de las estrellas y el crecimiento de toda célula viva.
Soy el amor que es el cumplimiento de la ley.
Soy seguridad, Soy paz
Soy unificación, Soy la ley por la cual vives.
Soy el amor en el que puedes confiar. Soy tu seguridad.
Soy tu paz, Soy uno contigo, YO SOY.
Aunque falles en encontrarme, Yo nunca dejo de encontrarte.
Aunque tu fe en Mi es insegura. Mi fe en ti nunca flaquea
Porque te conozco, porque te amo.
Mi bien amada, estoy aquí, contigo.

domingo, 6 de junio de 2010

SAGRADO CORAZÓN DE JESUS ORIGEN Y PROMESAS


La difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se debe a santa Margarita de Alacoque a quien Jesús se le apareció con estas palabras: "Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi Corazón más desgarradamente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio."

He aquí las promesas que hizo Jesús a Santa Margarita, y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:


1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.

2. Pondré paz en sus familias.

9. Les consolaré en sus penas.

4. Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte.

5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.

6. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.

7. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia.

8. Las almas tibias se volverán fervorosas.

9. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.

10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de El.

12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.

Las condiciones para ganar esta gracia son tres:

1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.

2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.

3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

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