domingo, 15 de abril de 2012

¿QUIEN ERES?

Se cuenta que una mujer agonizante se vio llevada, de repente, a un tribunal celestial.
-“¿Quién eres”?- le preguntó una voz.
-Soy la mujer del alcalde- repuso ella.
-Te he preguntado quién eres y no con quién estás casada.
-Soy la madre de cuatro hijos.
-Te he preguntado quién eres y no cuántos hijos tienes.
-Soy maestra de escuela.
-Te he preguntado quién eres y no cuál es tu profesión.

-Soy cristiana.
-Te he preguntado quién eres y no tu religión.
-Soy una persona que iba todos los días a la iglesia y ayudaba a los pobres.
-Te he preguntado quién eres y no lo que hacías…”
Alguien dijo que la vida es como un gran show donde cada uno de nosotros somos los protagonistas. Cuando nacemos se levanta el telón, se encienden las luces y la idea es que salgamos como protagonistas de nuestra vida a hacer un gran espectáculo, una gran representación de lo que es nuestra vida.
En una conversación entre Jesús y sus discípulos, el Señor les preguntó qué pensaban los hombres acerca de quién era Él. Ellos dieron diferentes respuestas: Unos decían que era Juan el Bautista, otros, Elías y otros Jeremías o alguno de los profetas.
Luego el Señor les pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro le dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.
En ese mismo momento Jesús le dijo a Pedro que él era bienaventurado, porque esa respuesta no vino de su propio conocimiento, sino que se lo había revelado Dios el Padre.
¿Si Jesús te hiciera la misma pregunta que le hizo a Pedro, qué le responderías?
Tú pensarás: “es fácil” porque él es el Salvador del mundo, porque la Biblia lo declara. Sin embargo cuando Jesús les hizo esa pregunta a los doce discípulos, sólo uno respondió; ¿Por qué habrá sido así? Porque a veces creemos que conocemos al Señor Jesús, pero la verdad es que sólo tenemos información acerca de su Persona.
Pedro dio la respuesta correcta:
“Tú eres el Cristo”:
Tú eres El que va a dar su vida en una cruz de vergüenza y de dolor por amor a toda la humanidad. Y allí derramarás toda tu sangre, para que por medio de tu muerte, nosotros tengamos vida y vida en abundancia. Tú eres el que va a permanecer allí, hasta que todo se haya acabado y con un grito de victoria dirás: “Consumado es”.
“Tú eres el Hijo del Dios viviente”:
El Unigénito Hijo de Dios, tu Padre es el Dueño de todo el mundo, Él es el que vive por los siglos de los siglos. Tú eres La Vida y todos los creemos en ti, aunque muramos viviremos eternamente junto a ti.
Cuando Pedro hizo esta declaración, Jesús le dijo: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás”: Simón representaba a una persona inmadura, un día sacó la espada para defender a Jesús y le cortó la oreja a un soldado. Hasta ese momento era un hombre impulsivo, que se movía por sentimientos. Pero ahora, a partir de esta declaración TODO CAMBIÓ PARA SIMÓN.
Por eso Jesús le dijo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.
Ahora, ya no sería más Simón, sino que le dirían Pedro: La Roca, la respuesta de Pedro abrió los cielos del avivamiento; porque un día con su sombra sanaría a los enfermos.
Él siempre tenía deseos de saber más de Jesús, el preguntó más que todos los apóstoles juntos.
Nosotros tenemos que saber más de La Palabra, del reino, del avivamiento, del propósito de la visión.
Pedro siempre tenía ganas de hacer cosas para Dios. “Él no se perdía una” siempre estaba allí, listo para actuar.
Nosotros sabremos en verdad quiénes somos, cuando reflejemos a Cristo en nuestra vida. Seremos personas con autoridad. Porque Jesús también le dijo a Pedro: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”.
El diablo tiene autoridad sobre la tierra, pero no tiene autoridad sobre el cielo. Nosotros tenemos autoridad en los dos ámbitos: en la tierra y en el cielo sobre todo principado y potestad, y sobre todos los gobernadores de las tinieblas y las huestes de maldad.
Es necesario que sepamos que muchas cosas que nos suceden son porque nosotros mismos nos hemos atado solos. A causa de esto, Dios no podrá desatarme de aquello a lo que yo mismo me até con mis palabras. Es por eso que Jesús nos delegó toda autoridad para que nosotros mismos en su Nombre podamos desatarnos de todos los pensamientos y de aquellas emociones que nos destruyen y retrasan la bendición que está preparada para nuestra vida.

“¿Quién eres?” Cuando puedas contestar esta pregunta en tu espíritu nunca serás un fracasado. Cuando sepas que tu esencia no tiene límites, que nadie te puede detener, que nada ni nadie te afecta, entonces sabrás quién eres”.

Autora: Silvia Truffa

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